6 Miradas sobre X Conferencia de las FARC – Parte 3

En nuestra última entrega, describimos nuestra percepción sobre las relaciones de género al interior de las FARC-EP y hacemos un breve análisis sobre los principales retos y desafíos del nuevo movimiento político que habrá de nacer tras la firma del Acuerdo Final.

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Un arcoiris se abre paso en el atardecer del cierre de la X Conferencia

5. Las contradicciones de las mujeres farianas

A la vista, una de las imágenes más distintivas de la guerrilla es la presencia numerosa de mujeres combatientes. Indias, negras, mulatas, mestizas. Todas demuestran fuerza y atletismo. Y también un toque de la “feminidad” convencional, haciendo hermosos decorados en sus utensilios de equipamiento.

Según lo narró Olga Marín en la rueda de prensa sobre asuntos de género, fue a partir del año de 1974 que la organización definió dar calidad de combatientes a las mujeres, que desde las épocas de la autodefensa campesina en Marquetalia se limitaban a las labores tradicionales de cuidado; enfermería, cocina, sastrería, pedagogía, etc. Desde entonces, el feminismo fariano tiene un enfoque de igualdad, igualdad de derechos y deberes. Difícilmente esto podría controvertirse. Las tareas de la vida guerrillera son asumidas sin distinción y es perfectamente normal ver a los hombres cocinando o lavando ropa y a las mujeres construyendo los campamentos, por poner un ejemplo.

Es válido resaltar que esta igualdad, que pareciera un mínimo dentro de la clase media urbana, es un avance significativo dentro de la ruralidad marginal de la Colombia profunda. Paola, quien fuera guardia personal de Manuel Marulanda y una de las educandas de la Escuela Isaías Pardo, nos comentaba que muchas mujeres se vinculaban a las FARC-EP porque no querían casarse y tener hijos, o porque admiraban la autonomía de las guerrilleras que por el sólo hecho de tener un fusil terciado en el hombro exigen otro nivel de respeto. “Hay de todo, otras entraron porque estaban enamorados de algún guerrillero”, reconocía.

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Paola conversa mientras tiñe cabello de su camarada

Poco a poco las mujeres han venido ocupando puestos de mando dentro de las unidades militares, pero es palpable su marginalidad en la dirección central. De los 31 miembros del Estado Mayor, Érika es la única mujer, y ninguna pertenece o ha hecho parte del Secretariado. Esta exclusión no sólo obedece al machismo que aún circula entre las filas de las FARC-EP y que fue reconocido por el propio Pastor Alape, sino a una combinación entre la rigidez de sus órganos de dirección y la historia de una guerrilla que ha durado 52 años en armas y que ha ido modificando sus prácticas patriarcales con la misma lentitud en que lo ha hecho la sociedad colombiana.

Lo primero porque la verticalidad de su modelo organizativo y las limitaciones que impone la guerra, hacen de la muerte o la sanción las únicas maneras de relevar los puestos de mando dentro de la guerrilla. En esa medida, tratándose de una guerrilla que sólo hasta el 74 reconoció a las mujeres como combatientes, quiere decir que para entonces ya tenía una estructura organizativa copada en sus puestos de dirección por hombres, por tanto ha sido muy difícil que las mujeres asciendan en ella y tengan una verdadera representatividad.

En el tránsito a la paz y al nuevo movimiento político, se espera de una organización revolucionaria que esta situación cambie. El anuncio de la prioridad de las mujeres en la ampliación del Secretariado y el Estado Mayor es un buen síntoma, sin embargo, las FARC-EP también deberá superar el enfoque básico de igualdad formal que se tenía en la guerra y dar discusiones más profundas sobre las prácticas sexistas y los objetivos estratégicos que se hayan de trazar en temas de género y diversidades, no sólo al interior de la organización, sino de cara a la sociedad.

Para terminar esta otra mirada, quisiera mencionar el trato de las relaciones afectivas dentro de las FARC-EP. Quedé gratamente sorprendido al escuchar con insistencia, tanto de hombres como de mujeres combatientes, que uno escoge libremente la persona que quiere tener como compañer@ o “soci@”, manera coloquial como se le llama al enamorado o enamorada dentro de la guerrilla. Pero no sólo eso, sino que si la socia se enamora de alguien más o simplemente se aburre, es algo natural, y pareciera que no hay mayor conflicto con ello.

Tampoco existe problema si los soci@s hacen parte de la misma unidad guerrillera, incluso pueden compartir caleta en los campamentos. Pero saben de antemano que si las orientaciones fuerzan su separación, esta será un imperativo irrefutable. Nuevamente, habrá quienes consideren esto como un control impositivo sobre las relaciones afectivas, pero lo cierto es que esa desposesión del amor y la prioridad que–en especial- tiene para ellas el interés colectivo, hacen algún contrapeso a una sociedad que acostumbra a las mujeres a eclipsar su vida alrededor del amor romántico y de la familia.

6. De la toma del poder sin armas

Las FARC-EP como organización política no ha renunciado a la toma del poder. Su llegada a la escena pública pretende revitalizar las alternativas al poder oligárquico y construir un Frente Amplio, más allá de la izquierda, que abandere cambios mínimos de nuestro sistema político, económico y social. En el papel suena muy esperanzador, en lo real tendrá que afrontar varios desafíos y obstáculos que nos permitimos enunciar

  • Recesión del ciclo progresista en América Latina

 

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Con solemnidad, guerrillerada entona himno nacional

En los últimos años, uno de los argumentos recurrentes para exigir la superación de la lucha armada en el continente, fue la llegada al poder institucional de gobiernos socialistas o más tímidamente “progresistas”, muchos de ellos encabezados por antiguos rebeldes en armas y apoyados por grandes plataformas organizativas movilizadas.

 

El vecindario hoy se mira distinto. Por mencionar únicamente lo más reciente, el kirchnerismo cedió el poder a un empresario neoliberal, a Dilma le sacaron los ojos los cuervos que crió, mediante la nueva modalidad de “Golpe Blando”, Evo perdió su primera votación: el referendo que le permitía re-elegirse, Correa cierra el que será su último período sin el apoyo del grueso de las organizaciones sociales, y Venezuela tambalea y mal-augura una confrontación militar.

Si a principios de 2012, cuando se inició la fase exploratoria de las negociaciones, con esa luz llamada Hugo Chávez aún prendida, las FARC-EP tenían en su horizonte arroparse con los vientos de cambio en el continente, su apuesta estratégica necesariamente se ha visto alterada. Y no sólo por la idea de llegar al poder, sino por su misma protección. Un continente de derecha y neoliberal no reaccionará igual ante la persecución política de su nuevo movimiento. En lo local el panorama no es más alentador. Luego de 12 años, la izquierda perdió la administración de la capital del país, el principal logro electoral de su historia, y más defraudante aún, perdió el plebiscito como mecanismo de refrendación popular del Acuerdo Final de Fin del Conflicto.

 A la espera del ELN y la espera del ELN

Luego de la firma del Acuerdo Final, los ojos se posarán sobre el Ejército de Liberación Nacional -ELN-, una guerrilla marxista-leninista con una tradición histórica semejante a la de las FARC y una capacidad militar nada despreciable, aun cuando su trabajo político es su principal vocación.

En su último Congreso, celebrado a inicios del año pasado, el ELN reafirmó su disposición a la solución política y planteó la posibilidad de abandonar las armas si encuentra voluntad real por parte del Gobierno. Y pese al inicio formal de los diálogos en marzo de 2016, parece ser que la estrategia del ELN para verificar la voluntad del Gobierno será esperar a ver los resultados del proceso con sus compañeros de armas de las FARC-EP. Algunos de ellos, según nos comentaron, ven en el ELN una salvaguarda, “porque sus armas son nuestras armas” y en caso de que el Estado incumpla su parte, la presencia de los elenos en el monte es garantía de que no se extermine el movimiento social y político, y un punto de partida para retomar la lucha armada.

En últimas, sin el ELN el “fin del conflicto” no pasa de ser una consigna publicitaria. Y la implementación de los acuerdos va a ser muy difícil en los territorios que comparten estas dos guerrillas.

Esperamos: (i) del Gobierno y las élites en el poder que reversen 200 años de historia y cumplan sus promesas al pueblo colombiano, en este caso su promesa de paz y apertura democrática, porque la credibilidad de este proceso despejará las dudas del ELN y consolidará una verdadera “paz estable y duradera”; (ii) del ELN que no deje enfriar el ambiente de paz, que muestre gestos de paz, que continúe liberando las personas retenidas, que desarme su discurso; (iii) de los diálogos Gobierno-ELN, que complementen el proceso de paz, que se diseñe un mecanismo eficaz de participación de la sociedad, que se incluyan las problemáticas urbanas y ambientales.

  •  Del poder popular al poder institucional

Uno de los principales desafíos que enfrentará las FARC-EP en su disputa política sin armas será su marginalidad espacial como guerrilla. La dinámica de la guerra ha generado que sus mayores acumulados políticos se encuentren en regiones ubicadas en la frontera agrícola, lejos de las grandes ciudades capitales que actualmente concentran la mayor cantidad de población y los focos de poder político y económico.

Sin duda, el tránsito a la civilidad y la eventual implementación exitosa de acuerdos como los de Reforma Rural Integral y Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, terminará por consolidar  procesos de poder popular que han sido posibles gracias a la intervención de las FARC-EP, incluyendo experiencias de reformas agrarias de hecho en donde hubo repartición equitativa de la tierra y están claramente establecidos los límites de la propiedad, las áreas de bosque que deben conservarse, los sistemas cooperativos de producción y comercialización, entre otros aspectos que han sido imposibles de asegurar por las propias políticas de Estado.

Las FARC-EP tiene trabajo en las principales ciudades del país, pero allí sus acumulados no distan mucho de los acumulados de las organizaciones legales y su salida de la clandestinidad no representará un cambio cualitativo en la disputa política. El reto es cómo extrapolar estas experiencias locales, inspiradoras pero marginadas espacialmente, a una dinámica nacional. Sobre todo cuando los máximos comandantes de las FARC, la mayoría de avanzada edad, no se sueñan una proyección nacional, sino que prefieren vivir la paz al frente de sus comunidades.

  • Tránsito de organización armada a organización sin armas

La guerra y los antagonismos facilitan la firmeza ideológica. Por el contrario, la paz y el diálogo son difíciles de manejar dentro de una organización revolucionaria ¿por qué pactar con el enemigo? ¿por qué creerle a quien siempre ha mentido? ¿por qué ceder ante un contrario más poderoso que poco tiene que perder?

Otro de los principales desafíos de las FARC y del movimiento/partido que la suplante es la cohesión ideológica a nivel interno. La implementación de los acuerdos, en gran medida, estará sujeta a la voluntad y a los recursos que administrará el Gobierno a través del Ministerio de Posconflicto. Esta situación pone al Estado en una posición de ventaja, porque a contraprestación de cumplir con sus compromisos puede atar el discurso y el accionar político de las FARC en el posconflicto. Es posible, por ejemplo, que las FARC no apoye ningún candidato/a presidencial de izquierda para 2018 sino que le apueste en primera vuelta a un candidato del Establecimiento que se comprometa a darle continuidad al proceso de paz. Ese tipo de decisiones pueden ser razonables desde una mirada estratégica, pero dan mensajes confusos a las militancias y minan su fortaleza ideológica.

La sostenibilidad de su proyecto político pasa también por la firmeza de sus comandancias que en un futuro cercano pasarán a ser líderes o dirigentes. Trascender la verticalidad de la guerra le quitará poder real a los comandantes. Una cosa es dirigir un frente y otra es ser el coordinador o responsable de un capítulo de un movimiento político. Este vacío de poder será buscado por el establecimiento en aras de cooptar dirigencias. Y por descabellado que esto parezca, los casos de Rosemberg Pabón y Everth Bustamente, antiguos miembros del M-19 y ahora parte de la ultra derecha colombiana, son ejemplos dicientes de que no lo es.

Otro problema es qué hacer con los liderazgos militares dentro de las FARC. Muchos de los cuadros de la organización se destacaban por su destreza en las artes de la clandestinidad y de la guerra, más no en la construcción política y social.  Su marginalización puede generar disidencias y se requerirá de mucha astucia para otorgarles un papel dentro del nuevo movimiento.

El último de los desafíos que mencionaremos es la continuidad del orden y la disciplina de la estructura político-militar que representa las FARC-EP. Al momento de lanzamiento del nuevo movimiento político, esta estructura será una verdadera máquina de hacer política, pero no va a ser lo mismo dar órdenes con armas a darlas sin ellas, y las FARC deberán demostrar su capacidad para mantener cohesionada su estructura organizativa sin el uso de las armas y muy seguramente deberá cambiar las reglas de juego participativo al interior del movimiento.

  • Unidad del movimiento social

La solución dialogada al conflicto entre el Estado y las insurgencias, debería desarmar el pensamiento guerrerista y anticomunista de las élites en el país, que se deje de observar la disidencia como peligrosa, la organización y la autonomía como enemigas. También debería darle protagonismo al movimiento social en la contienda política, muchas veces instrumentalizado por las organizaciones en armas para sus propios intereses.

La X Conferencia de las FARC hace un llamado a los sectores comprometidos con la paz, más allá de la izquierda, a integrar el nuevo movimiento político y a conformar un Frente Amplio que permita un gobierno alternativo a la larga sucesión de castas que han transitado por la Casa de Nariño. No es la primera vez que se hace este llamado a la Unidad, podría decirse que ningún partido de izquierda o plataforma del movimiento social no haya hecho este llamado al momento de su creación. Pero es también común denominador que la unidad se convoque para sí, la unidad del “únete a mi proyecto”, no la unidad del “confluyamos”.

Tampoco sirve una unidad de grandes nombres, de logos, de reuniones y cocteles. El apoyo del “Frente Amplio” a la candidatura de Clara López para la Alcaldía de Bogotá es una muestra fehaciente del fracaso de este modelo. Ojalá el sueño de una paz completa, de una paz con justicia social, de una paz con cambios, de una paz desde abajo, nos permita encontrar el camino de la unidad y podamos darle un respiro de liberación al continente.

Ver anteriores entregas

Parte 1.

1. Cómo se trabajó la Conferencia
2. El humanismo fariano

Parte 2.

3. Las FARC-EP le apuestan a la paz
4. Si la revolución es una fiesta, la paz es una fiesta

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