Soberanía Alimentaria avanzando hacia la paz en Colombia

Por Manuel Camilo González  Colectivo SUR – Salud Urbano Rural

Colombia es un país agrario donde existen todas  las fuentes de riqueza natural que se puedan imaginar, dos mares tres cordilleras selvas, bosques, oro, petróleo, agua etc. Al mismo tiempo que vivimos en este hermoso país de vallenatos y cumbias y además de tener la denominación de ser el país más feliz, podemos analizar esa realidad desde otras perspectivas puesto que,  Colombia hoy todavía es un país en guerra y aun así hay noticias que son esperanzadoras debido a que, se anunció la llamada paz completa, entre el gobierno de Santos de corte industrial y neoliberal y las guerrillas socialistas de las FARC y ELN. 

Aunque en la mesa de la habana, que ya se dice estar próxima a tener un desenlace hacia la paz,  la cuestión agraria, la misma que hace parte del génesis de la guerra en nuestro país aún necesita ser debatida y transformada. Cuando a cuestión agraria nos referimos vamos a hablar de tierra  y de campesinos, indígenas afros y una cuestión bastante esencial en el país,  la cual es la alimentación del `pueblo Colombiano.

La guerra en Colombia ha estado justificada por la concentración de tierras, familias enteras han abandonado cerca de seis millones de hectáreas, esto tiene como consecuencia que hoy en Colombia solo halla cinco millones de hectáreas cultivables para la producción de alimentos.

Nuestras tierras se han puesto en función de consumismo, del mercado y las dietas alimentarias foráneas globalizadas que viajan por todo el mundo, destruyendo los alimentos tradicionales y las costumbres alimentarias autóctonas de los territorios. Han penetrado nuestros territorios imponiendo nuevos patrones alimentarios que, muchas veces están relacionados también con las epidémicas enfermedades crónicas no transmisibles, producto de una mala utilización de los alimentos que estamos produciendo, tenemos sobre producción de alimentos pero cada día la variedad de estos disminuye, puesto que las grandes corporaciones de alimentos están imponiendo una dieta estandarizada la más rentable para el sistema económico pero no la más saludable para los pueblos del mundo.

Esto se ha posibilitado con políticas que abrieron el comercio por medio de acuerdos internacionales configurando políticas agroalimentarias para la dependencia alimentaria para, la pérdida de autonomía de nuestro sistema agroalimentario. Esta nueva forma de producción agroalimentaria al servicio del capital y basada en la competencia y en la explotación abusiva de la tierra, en vez de mejorar la situación alimentaria del país y del mundo parece ser una maldición para todos y todas los trabajadores rurales, puesto que este tipo de agricultura extensiva ha generado profundas inequidades en el mundo rural además de haber aumentado el desplazamiento de personas a las urbes aumentando los cinturones de pobreza y miseria en las periferias de las principales ciudades.

Otra característica heredada  de estas políticas impuestas por los EEUU, la unión europea, el banco mundial y el fondo monetario internacional es una aberrante concentración de la tierra en muy pocas manos relaciona estrechamente con la violencia paramilitar y el despojo de tierras a campesinos para proyectos agroindustriales.

Esta profunda problemática rural debe ser transformada y es posible hacerlo porque como bien sabemos la falta de acceso a la tierra también es falta de acceso a los alimentos, pero no porque no podamos producirlos si no porque nuestros gobiernos han realizado una pésima distribución de nuestros recursos.

Es por esto que dentro de los acuerdos a firmarse en la habana el primero es el de desarrollo agrario integrar. Lo que quiere decir que la guerrilla agraria de las FARC tiene propuestas para la solución de la problemática agraria que se ha presentado en Colombia y que en algunas ocasiones también se ha agudizado a tal punto que ha hecho crecer el conflicto armado en algunas zonas del país.

Esta problemática fue muy evidente durante el paro agrario del año 2013 con presencia de cultivadores de arroz del Tolima, cultivadores de café, cultivadores de coca en Catatumbo, Caquetá Putumayo y , los paperos en Boyacá y una cantidad de trabajadores rurales por todo el territorio colombiano.

Para dar solución a esto el acuerdo en materia agraria entre las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos, proponen asegurar para todos los ciudadanos disponibilidad y acceso suficiente en oportunidad cantidad, calidad y precio a los alimentos necesarios para una nutrición adecuada, para alcanzar tal objetivo es necesario hacer presión social al gobierno nacional desde las diferentes organizaciones civiles y agrarias de campesinos indígenas afros y consumidores para incrementar de manera progresiva la economía campesina, familiar y comunitaria y la creación de condiciones que permitan a los trabajadores del campo mejorar sus ingresos y su calidad de vida.

Es necesario que todos luchemos para que se articule la oferta estatal en el territorio con un sistema de alimentación y nutrición para la población rural este deberá ser culturalmente apropiado, tener participación amplia de la sociedad y el apoyo institucional del gobierno nacional, para poder materializar esto será necesario establecer un consejo nacional de alimentación y nutrición que defina los lineamientos y coordine la puesta en marcha de estas nuevas políticas agroalimentarias para la paz, estos consejos deben tener una profunda participación de la sociedad y de las comunidades organizadas.

Teniendo en cuenta la especial vulnerabilidad en la que se encuentran niños y niñas como fue el caso conocido en la Guajira pero que lentamente se fue revelando en varias partes del país es necesario implementar programas especiales en la erradicación de la pobreza y el hambre de la población rural.

Sera necesario para la construcción de paz luego del acuerdo, que se realicen campañas orientadas a promover la producción y el consumo de alimentos con alto valor biológico y nutricional, el manejo adecuado de los alimentos y la adopción de bunos hábitos alimenticios, que tenga en cuenta las características del territorio y fomente la producción y el consumo de alimentos. Estas acciones deberán ser ejecutadas con enfoque territorial entendiendo que ciertas zonas han sido más golpeadas por el conflicto, por los niveles de pobreza o con menos presencia institucional.

Las acciones que se diseñen y ejecuten en todos los planes y programas además de estar orientadas a las necesidades de la población, debe ser una herramienta para promover la participación activa de las comunidades, fortaleciendo así sus capacidades organizativas para garantizar su sostenibilidad.

La puesta en marcha de estos acuerdos son la llave de la necesaria transformación de Colombia, a un país en paz pero solo será posible con el compromiso del Gobierno de facilitar la reestructuración del campo, con la creación de condiciones de bienestar para sus habitantes la propuesta de un nuevo campo es acogida en las propuestas que abanderan muchos sectores sociales en la lucha por el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria.

Invitamos a toda la sociedad a sumar esfuerzos para conquistar la Soberanía alimentaria, ya que esta es el camino hacia la paz con justicia social. las organizaciones y en general toda la población por medio de la movilización social y la presión popular deberán insistir en la necesidad de continuar con las propuestas relacionadas con Soberanía alimentaria como lo son los mercados campesinos, la economía familiar, la agroecología, las zonas de reserva campesina, las escuelas agroecológicas rurales, los programas alimentarios que provengan de las mismas comunidades etc.

Para esto vemos la necesidad de constitucionalizar el derecho a la soberanía alimentaria y definición del derecho a la alimentación como un derecho fundamental, también la necesaria erradicación del hambre y la desnutrición provocada por la desigualdad y la pobreza así como generar un oferta suficiente, estable y ambientalmente sostenible de alimentos para el consumo de la población.­

También queremos describir con preocupación un atentado a los avances en soberanía alimentaria que como pueblo hemos conquistado y es el riesgo que corren los mercados campesinos con las trabas y des financiación provenientes de la nueva alcaldía de Bogotá evitando así que toneladas de alimentos producidos por campesinos, lleguen a los casi 10 millones de personas que habitamos Bogotá.

La alcaldía de Peñaloza dijo no apoyar los mercados campesinos cosa preocupante para la paz, puesto que estos son una alternativa de comercialización justa con una trayectoria de 10 años de lucha, por llevar a los bogotanos alimentos sanos, nutritivos y a precio justo evitando el intermediario y aumentando los ingresos para el campesino pero lo más importante  de esto es,  una política pública que ha avanzado en el reconocimiento del campesino, de su economía, de su producción familiar y toma esta propuesta como una de las principales para la Soberanía autonomía y seguridad alimentaria y nutricional de Bogotá y la región central de Colombia.

Para terminar invitamos a toda la población a revisar los acuerdos desarrollados por las partes en el tema agrario así como revisar las 100 propuestas mínimas de las FARC para el punto agrario.

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