Colombia: Procesos de paz en 50 años de guerra

1. Acto de conmemoración

Excombatientes del M19 se reencuentran 30 años después en un acto simbólico mientras Colombia sigue caminando hacia la paz

Por Berta Camprubí, Corinto

Este domingo 24 de abril excombatientes del desmovilizado Movimiento 19 de abril (M19) volvieron, 30 años después, al municipio de Corinto del Cauca colombiano en un acto histórico de alto contenido simbólico. Fue en esta población que en 1984 el M19 inició un proceso de dejación de armas y diálogo con el gobierno colombiano, un proceso que las Fuerzas Armadas Revolucionarías de Colombia (FARC) protagoniza en estos momentos en La Habana en el contexto de un conflicto armado que ya ha llegado a los 8 millones de víctimas. 

Decenas de simpatizantes y exmilicianas del grupo guerrillero ya desactivado M19, se reencontraron para subir a Yarumales, zona de la sierra occidental colombiana donde en 1985 tuvo lugar un épico y censurado combate armado entra esta guerrilla y las fuerzas del ejército. Épico porque el M19, con unas 300 milicianas lideradas por el comandante Carlos Pizarro, consiguieron una victoria ante aproximadamente 10.000 soldadas del ejército. Censurado, precisamente, por no visibilitzar tal éxito revolucionario.

Bajo la lluvia de este domingo, autoridades locales, inspector de la policía y autoridades tradicionales indígenas con la guardia indígena y sabedores ancestrales acompañaron las excombatientes hasta el campamento principal de la guerrilla pasando por antiguas trincheras y lo que fue una escuelita de formación política. Se plantaron 19 árboles nativos por la paz y en memoria de las caídas en el combate de la mano de María José Pizarro, hija del comandante Pizarro asesinado en 1990 por el estado colombiano.

María José Pizarro

María José Pizarro, Hija de Carlos Pizarro

Una lucha diferente

El M19 fue un movimiento armado de ideología antiimperialista y bolivariana –recuperadora de los ideales de integración latinoamericana de Simón Bolívar– que luchó en el contexto del conflicto armado colombiano durante los años 70 y 80. Después de protagonizar golpes icónicos como el robo de la espada de Bolívar o la confiscación de 5.000 armas de un cuartel militar a través de un túnel de 80 metros, pasó a actuar principalmente en zonas rurales y uno de sus núcleos de acción fue el combativo departamento del Cauca. “Con el pueblo, con las armas, al poder” era su lema. A menudo llegaban a los pueblos recitando poesías y repartiendo material divulgativo.

El combate de Yarumales se dio después de los supuestos Acuerdos de Corinto que definían una tregua y un camino hacia la pacificación y democratización del movimiento. Después de que el ejército traicionase el pacto, en diciembre de 1984 y durante 20 días tuvo lugar este combate que dejó entre 6 y 7 muertas del bando revolucionario y entre 30 y 40 del bando oficial. “El día de fin de año, mientras unas combatían y hacían guardia aquí en las trincheras, las otras bailaban en el campamento”, explica un excombatiente, de quien mantenemos el anonimato, en el lugar de los hechos.

Acto de conmemoración domingo 24 de abril de 2016

Acto de conmemoración domingo 24 de abril de 2016

Tradición de traición

La traición de los Acuerdos de Corinto llevó al M19 a la Toma del Palacio de Justicia de Bogotá en 1985, que acabó con una masacre perpetuada por el ejército y la policía nacional que abrieron fuego a discreción matando a 98 personas, entre ellas 11 magistradas. Después de un proceso de negociación con el gobierno colombiano, el 8 de marzo de 1990 con Carlos Pizarro al frente, el M19 entregaba las armas y conformaba Alianza Democrática-M19, partido con el que Pizarro, ya estimado a nivel nacional por representar una posibilidad de transformación esperanzadora, se candidataria aquel mismo año a la presidencia. Sólo un mes y medio después el líder bolivariano era asesinado por el servicio secreto del Estado.

Colombia disfruta de un importante legado del proceso de paz con el M19; la constitución de 1991, Carta Magna que dibujó pasos significativos hacia la democracia. A pesar de obstáculos e insuficiencias, gran parte de la sociedad colombiana espera que el proceso de paz con las FARC, ayude a hacer algunos pasos más en esa dirección. Cuando menos, la tradición de traición en el contexto de la pacificación de guerrillas dentro del Estado colombiano es ampliamente conocida y las FARC se está intentando blindar contra esta posibilidad dentro de los acuerdos en La Habana.

Procesos de paz en un mosaico difícil

Este pasado domingo en Yarumales las milicianas y simpatizantes del M19 pudieron escuchar un guerrillero de la zona que pertenece a las FARC y que quiso aprovechar la ocasión para intercambiar unas palabras con las que ya pasaron por el proceso por el que ellas ahora pasan. Reforma rural integral, sustitución de cultivos ilícitos, reparación y no repetición para las víctimas, apertura democrática; la intervención quiso aclarar lo que se está buscando dialogar actualmente en Cuba. Que ni la paz está a la esquina, como afirma el gobierno de Juan Manuel Santos, ni las FARC permitirán con los acuerdos que se domestiquen las luchas populares y se deje vía libre a proyectos neoliberales, afirmó el guerrillero.

Montañas de Corinto - Cauca

Montañas de Corinto – Cauca

Una de las autoridades de la comunidad indígena de Corinto, quiso denunciar a posteriori que el sujeto de las FARC es una de las piezas de engranaje del narcotráfico en la región y que él mismo se ha visto amenazado por su grupo de influencia. También quiso aclarar que en La Habana no se está negociando la paz sino el fin del conflicto armado, conceptos muy diferentes, afirmó el líder indígena. “La paz la tenemos que construir las comunidades a nivel territorial con el fin de la violencia”, añadió. Con este mosaico se escenificaba de una manera muy representativa la compleja composición del conflicto, no sólo armado sino social, que vive Colombia hace más de 50 años y que la semana pasada, según Unidad de Víctimas, llegaba a la aterradora cifra de 8 millones de víctimas.

“Estamos buscando unirnos y construir una paz sin impunidad, con justicia, un país digno donde cabemos todas. Soñar un futuro diferente, sentirnos convocadas y transformar conciencias”, sentenciaba María José Pizarro, que ha vivido exiliada en Barcelona hasta hace pocos años, para acabar con el acto conmemorativo.

 

 

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